Michel Duquesnoy en Ecuador: crónica del evento

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl investigador de ORPAS Michel Duquesnoy participó en el PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL “NATURA, CULTURA Y DESARROLLO”, organizado por la UNIVERSIDAD LAICA “ELOY ALFARO” DE MANABI-ECUADOR.

Conozca aquí una síntesis crítica del encuentro.

 

Entre el lunes 17 y viernes 22 de noviembre del 2014, la Universidad Laica “Eloy Alfaro” de Manabi (ULEAM), Ecuador, a través de la Dirección de Relaciones Internacionales y de su Director, Ing. Byron Coral Almeida, organizó en sus puertas el Primer Congreso Internacional “Natura, Cultura y Desarrollo”. Esta casa de Estudio, con sus veintinueve mil estudiantes, fundada hace unos 29 años por su Rector actual, don Medardo Mora, está ubicada en la ciudad portuaria de Manta y se establece como la Universidad de mayor importancia en dicho lugar.

Se admitirá que con tal temática general, los organizadores del evento se propusieron enfrentar el complejo y paradojal  reto de reconciliar —si fuese posible— los tres términos. Sabemos que la crítica actual, frente a las evoluciones del mundo global y del despilfarro ecológico, ha puesto en jaque la ecuación que refrenda el extensivo desarrollo a coste de la explotación incontrolada de la naturaleza por las culturas tecnológica y económicamente “avanzadas”. No es baladí que el lema subyacente al encuentro ha sido el Sumak Kawsay, el buen vivir.

Los más de 60 conferencistas convocados, todos perteneciendo a varios ramos del saber, y representado una amplia gama de países europeos y latinoamericanos, e instituciones de prestigio como la UNESCO o la FLACSO, tuvieron la apasionante tarea cuestionar estos tres paradigmas aún dominantes del pensamiento hegemónico y evaluar la pertinencia de su eventual vinculación. Esto es: ¿existe cultura dónde hay naturaleza y desarrollo? combinando los tres conceptos entre sí.

OLYMPUS DIGITAL CAMERADestaca que muchos han desacreditado abiertamente el sacrosanto dogma del desarrollo a la luz del desgaste fatal que nuestro modelo civilizatorio impulsado por la doctrina neoliberal, ha impuesto probablemente de manera irreversible tanto a la naturaleza como a las culturas de nuestro planeta. En este rubro, los biólogos marinos así como los pescadores artesanales que presentaron sus bellas investigaciones y reflexiones no dejaron lugar a alternativas: hemos llegado a un punto tan crítico que nuestra madre-tierra y sus océanos han alcanzado un mortífero punto inquietante para la suerte actual y venidera de los hoy 7,000 millones de seres humanos. En fin con la llamada naturaleza es la humanidad que se ve amenazada por el egoísmo y falta de voluntad de los tenientes del capitalismo salvaje y depredador servilmente respaldados por una clase política inepta.

Se presta al Mahatma Gandhi de haber dicho que —cito de memoria— “El capitalismo en sí no es malo, sino el uso que de él se hace”. Personalmente considero esta indicación del todo correcta por varios motivos. Sostengo que no podemos volver a un modelo de civilización y organización mundial en el que el capital sería ausente (acaso ¿lo fue en algún momento?). Dejemos a los románticos soñadores demostrarnos que un mundo complejo del todo carente de intercambios y acumulación de riquezas, es posible sin llegar a batallas fratricidas quizá peores que las que la humanidad enfrenta desde varios lustros.  ¿Es defendible —y deseable— la propuesta y la esperanza de un modelo de civilización total e integralmente diferente y desvinculado del actual? No obstante, es indudable que una mejor y equitativa distribución del capital (eso es, la riqueza) es imprescindible para favorecer la paz entre los pueblos y naciones de la Tierra. Se trata de decencia: o tenemos y defendemos una ética del “buen vivir” o nos desaparecemos con bombos y platillos.

¿Se presentaron soluciones o alternativas?

Un Congreso de esta índole sería un desgaste de tiempo y energía si se limitara a ser una reunión de periodistas catastrofistas, sólo pintaría el mundo  funeste en el que vivimos y que se advierte aún peor en los decenios venideros. Consecuentemente sí se presentaron análisis, propuestas y relatos de experiencias en curso. Al respecto, en mi opinión, la mayoría de las intervenciones apuntaron hacia los resultados (es decir, no propuestas teóricas desligadas de la realidad) que se registran al aplicar una pluralidad de modelos de participación proactiva y deliberación en los niveles políticos, económicos y sociales en los que los diversos actores sociales construyen el mundo en el que quieren vivir ellos y las generaciones futuras. Entiéndase: su mundo.

¿Sustentabilidad?  Sí y no. ¿De qué se trata?

Brevemente expuesto, con la limitación de mi subjetividad, las discusiones y debates apasionados que animaron el aula magna de la Universidad demostraron las incongruencias del estándar economicista predominante actualmente. En efecto, la propensión de varios participantes consistió en criticar el propio concepto de “desarrollo” que personalmente me atreví a calificar durante una intervención como “tóxico” (Tenía en la mente al excelente economista francés Serge Latouche). Se cuestionó abiertamente la necesidad del desarrollo en su “esencia”, es decir la compatibilidad del concepto “desarrollo” –y el “crecimiento” como su más virulento corolario- con “sustentabilidad”. El desafío no es baladí si se considera las tendencias actuales de tantos economistas que afirman con una descarada pereza intelectual que no puede existir desarrollo sin… crecimiento. No tapémonos los ojos: si queremos un planeta sustentable y conservar los biotopos en su máximo de belleza, singularidad e importancia, hay que revisar seriamente los patrones y las prácticas actuales que vinculan el desarrollo con el crecimiento económico cuando el crecimiento demográfico hace correr el riesgo de volver insostenible hasta la propia vida. El representante de la UNESCO invitado para la ocasión, afirmó que la institución que incorpora está muy consciente de la paradoja y llama a una toma de conciencia global por parte de la ciudadanía. Sin embargo, detrás de las buenas intenciones y tomas de consciencia, programas exhaustivos, etc. denuncia la evidente falta de compromiso real por parte de los Estados.

En conclusión, las discusiones revelan una gran incertidumbre global frente a los desafíos monumentales que cuestionan la sobrevivencia de la especie humana y de la vida en la tierra. Nada nuevo bajo el sol si recordamos que desde apenas un medio siglo, muchos científicos están halando  la señal de alarma, encarando el riesgo de la burla, desvergüenza e ignorancia fingida de la clase política y empresarial. Pues el mundo de Davos…

Los enfoques interdisciplinarios de los participantes así como la conformación de las mesas de trabajos en las que se distinguió la presencia activa de representantes de comunidades y organizaciones de pesca artesanal y de manualidades o de comunidades auto-organizadas, tienden a confirmar una evidencia comprobada con creces en varias latitudes: a más organización interna, más conciencia y más posibilidad de incentivar el manejo consciente de los grupos humanos, del medioambiente y de sus varias capacidades con posibilidad de mejorar las condiciones materiales (y espirituales en su caso) tanto individuales como colectivas, sin sacrificar el bienestar de las personas y la pervivencia de los mundos vegetales y animales. Pues la alternativa del sumak kawsay andino o küme mogen de los mapuche. La figura del individuo y de la naturaleza definido por la lógica neo capitalista del ser consumidor y consumido, debe mutarse en un modelo abierto al mundo de la vida.

El planeta y las generaciones humanas viven actualmente una compleja fase de transición. Desplazamientos, migraciones, nuevas pobrezas, delincuencia organizada, reconstrucciones étnicas, afirmaciones de las diferencias, etc.: eso es,  un contexto de tránsito/transición continuo y obligado. Identidades múltiples, fragmentadas, descompuestas y reorganizadas, intiman al control en la apropiación y creación de nuestras representaciones ya que de sobrevivencia se trata. Valorizar la naturaleza es auto-valorizar a las especies. A la vida. Diría: al propio cosmos. En una sola palabra, al movimiento. Por ello la importancia de promover la generación de estrategias con las que se vuelve imprescindible recuperar y asegurar la producción de un modelo de vida sostenible y armónica entre y para nuestros semejantes. Lo que exige formar patrones de sociedad crítica, pensamiento autónomo, como una de las maneras de articular formas y organizaciones de acción colectiva y positiva. En consecuencia, me surgió una vez más que no vivimos en un universo sino en un pluriverso rico, denso, perfectible y hermoso. O sea, importa considerar en todas sus potencialidades el valor simbólico de las figuras culturales como elemento de empoderamiento, unión y valorización compatibles entre las generaciones y cadenas humanas.

En sus propuestas de depredación salvaje, la Thatcher afirmaba desde las alturas de su cinismo político: There is no alternative. ¡Es cierto! Hoy, no hay otra alternativa que buscar alternativas al despilfarro constante en el que se nos obliga oponernos para sólo esperar vivir digna y sanamente.

En breve, la filosofía del encuentro organizado por y dentro una institución que privilegia el humanismo militante (del todo diferente al bien intencionado pequeño burgués) mostró que sí, otro mundo es posible cuando existe la voluntad de tomar y aplicar las decisiones adecuadas e inteligentes.

Una ultima y profunda duda no obstante perturba  el que escribe: ¿estamos todavía a tiempo para revertir el curso destructor actual? ¿Cómo será nuestro mundo de la vida dentro de solamente dos décadas? ¿Será que el desastre se ha vuelto ya irreversible?

Terminamos esta reseña, motivo de esta breve reflexión, esperando con ansias el próximo Congreso en torno a “Natura, Cultura y Desarrollo” que debería celebrarse en un lugar todavía no determinado. Que sea en Chile, pienso, donde se impone una reflexión seria y propositiva sobre estos temas.

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